Hola a todos y todas! Para informar a todos los amigos que conectan con nuestras vidas a través de este blog, y que se estarán preguntando que pasa con la familia gastronauta, resumiré: se volvieron a Londres Salva, Gisela y Alma (a ver si mandáis esas fotos!); vinieron a Santander nuestros hermanos de Valencia, con nuestro sobrino (Ju, Vero y Yago), además de los hermanos Manteca (Sonia, embarazadita, y Miguel); pasamos la semana santa en Zaragoza con mi familia y amigos (Amor, Marina, Fu y José Luis, José Luis y Laura, Antonio y Rebeca, Iban y Ana, Morte, Jorge, Víctor -ya os recetaré la dirección del blog que escribirá los próximos 5 meses desde Madagascar-. Las últimas semanas han sido como un spa para el alma, solazándome en el cariñoso trato de toda esta gente buena a la que quiero con toda la dedicación de la que soy capaz. Restando también el tiempo dedicado a trabajar y cuidar de los míos que han estado algo resfriados, poco tiempo quedó para el resto (escribir este blog, mandar e-mails a los amigos, reencontrarme con la pintura algún día…).
Con todo, aún queda tiempo para probar de vez en cuando alguna receta que vaga por los rincones de la mente como un remordimiento, o leer algún buen libro que se deje leer a trompicones. “El libro de los abrazos”, de Eduardo Galeano, se dejó leer por mi estas últimas semanas; fué una recomendación de Víctor, que acabé por regalarle a mi chica. No sé si el autor estará de acuerdo, pero creo que es un libro que trata de la comunicación (más que del lenguaje), y cómo de ése comercio humano brota el espíritu humano: tierno y salvaje, generoso y cruel, divertido o pesimista. Para invitarte a su lectura, te resumo uno de los pequeños capítulos que componen este librito: cuenta que un conocido (del autor), pastor que evangelizaba entre los indios del Chaco pararaguayo visitó a un cacique… “El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.
El cacique se tomó su tiempo. Después opinó:
-Eso rasca, Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:
-Pero rasca donde no pica.”
CANELONES DE CARRILLERA
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