Hola a todos y todas! Este fin de semana hemos podido disfrutar de la compañía de unos grandes amigos que nos visitaron desde Londres. Es de agradecer, porque cuando uno vive fuera de su país tiene las visitas muy restringidas: se visita a la familia, mayoritariamente, y los amigos quedan en un razonable segundo lugar (casi siempre se intenta coincidir con ellos y con la familia al mismo tiempo, en el mismo lugar). Traían con ellos a la pequeña Alma (a la que le dediqué en su día un arroz con leche perfumado de mandarina y vainilla), y nos apetecía mucho conocerla ya que estas navidades pasadas no pudimos ir a conocerla cuando vinieron a Zaragoza. También me trajeron un pequeño alijo de artículos culinarios difíciles de conseguir aquí (como la hierba limón de la que hablaré en el próximo post).
Tuvimos ocasión de compartir una mariscada en el barrio pesquero de Santander, incluso de hacer alguna comida buena en casa, pero la receta de hoy es más sencilla que todo eso: pan blanco, una receta que últimamente me preguntan muchos amigos (un beso grande para mi tata Natalia y un abrazo para mi cuñado Moisés, que acaba de cumplir años, y para Angel, “el chispas”). El pan blanco es una receta simple con la que sorprender a los invitados, que admite muchas variantes personales, como toques aromáticos (alcaravéa, hinojo, anís, albahaca, orégano, aceites de frutos secos…), o de textura, sabor y color (sal gema, sésamo, semillas de amapola, glaseado de huevo…). Con ella, además, se pueden elaborar riquísimas pizzas. Hacer tu propio pan te dará la satisfacción de crear algo único, personal y, sin duda, te hará quedar como el mejor de los anfitriones. El pan casero, calentito, no sólo pretende calentar las manos, sino los corazones (grandes besos para Salvador, Gisela y Alma!).
PAN BLANCO (con alcaravéa y semillas de amapola)
Ingredientes (para 4 panecillos individuales):
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-300 grs. de harina de trigo (mejor si es especial para panadería).
-150 ml. de agua templada.
-15 grs. de levadura fresca de panadería (si se empléa levadura seca, seguir las cantidades e instrucciones del fabricante).
-2 cucharaditas de azúcar.
-1 cucharadita de sal fina.
-2 cucharadas de aceite (el que prefieras: girasol, sésamo, oliva…).
-1 cucharada de semillas de alcaravéa.
-1 cucharada de semillas de amapola.
-sal maldon al gusto, para espolvorear sobre el pan.
-1 huevo batido, para glasear.
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Como
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1. En un bol pequeño, desmiga la levadura fresca y deshazla en la mitad del agua de la receta; añade a esta mezcla 1 cucharada de la harina y una cucharadita del azúcar, remueve y deja reposar en un sitio cálido (y cubierta con un paño limpio y húmedo) hasta que la levadura forme pequeñas burbujas en la superficie del “experimento”. El tiempo que tarde dependerá de la temperatura a la que lo dejes reposar: un ambiente frío ralentiza el proceso, mientras que en una cocina caldeada (o cerca de una fuente de calor), puede tardar 15 o 20 minutos, por ejemplo).
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2. Una vez la mezcla de la levadura presente burbujas en la superficie, reúne en un bol grande los siguientes ingredientes “secos”: harina, el resto del azúcar, la sal, las semillas de alcaravéa. Remuévelos con una espátula para repostería o una cuchara de madera, haciendo un hueco en el centro, a modo de volcán.
Vierte en este hueco, poco a poco, la mezcla de levadura, amalgamando el conjunto al mismo tiempo. Una vez añadido todo el “experimento”, sigue añadiendo el resto del agua de la receta en pequeñas cantidades (si añades demasiada agua a la masa, luego deberás añadir más harina: ten en cuenta que la masa de pan está preparada cuando al amasarla no se pegue e los dedos ni a la superficie de trabajo).
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3. Una vez tengas una masa homogénea y consistente, que se separe de las paredes del bol y de la espátula o la cuchara, salpica una superficie de trabajo lisa y limpia con un poco de harina
Ahora tienes que “trabajar” la masa. Puede llevarte entre 20 ó 30 minutos, pero es sencillo y repetitivo: haz un rulo con forma de barra con la masa y dispónlo de forma que quede en línea con tus brazos extendidos hacia delante. Esparce un poco de harina por la superficie, para facilitar el amasado.
Sujeta con la mano izquierda el extremo más próximo a ti, y con el talón de la mano derecha “raspa” la masa alejándola de ti. Enrolla la masa acercándola a tu mano izquierda y… vuelves a tener un rulo. Repite este “masaje” el tiempo suficiente para que la superficie de la masa quede regular y tenga un tacto suave. Si observas zonas duras en el interior o burbujas de aire, sigue amasando hasta que desaparezcan. La superficie de la masa debe quedar suave.
Cuando esté a punto, guárdala en un bol de cristal, cerámica o plástico grande (la masa aumentará su tamaño por efecto de la levadura, dependiendo de la temperatura a la que trabaje); lo conveniente sería dejarla reposar 2 horas al menos.
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4. Cuando la masa haya duplicado su volumen, divídela en cuatro porciones a las que darás forma de panecillos, pónlas sobre una bandeja de horno y déjalas reposar tapadas con un paño húmedo para que vuelvan a ganar volúmen, mientras precalientas el horno a 180º (al menos 20-25 minutos antes de hornear).
Justo antes de introducir en el horno los panecillos, píntalos con el huevo batido (con ayuda de una brocha de cocina) y espolvoréa sobre ellos las semillas de amapola y la sal Maldon al gusto; con un cuchillo afilado o unas tijeras, haz unos cortes sobre su superficie para facilitar que el calor penetre en la masa. Hornéa de 15 a 20 minutos: el pan está listo cuando suene a hueco al golpearlo con los nudillos. Si aún está muy pesado, sigue horneando a 160º durante 8 a 10 minutos más.
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Espero que lo disfrutes y lo compartas con buena compañía, abrazos y hasta la próxima!
25/02/2008 a 7:24
Gracias por la felicitación, por cierto pronto tu web cumplirá dos años “online”; cuando debe haber tenido más de treinta mil visitas.
Visitando decenas de recetas y esta es una de las que han caracterizado tus invitaciones a casa, el pan tan sabroso (no pienses en la frase de tu abuela materna: no quiero decir que esté muy salado…).
Un abrazo de tu cuñado cuarentañero.