Hola a todos! Menos de medio mes después de mi último post, cómo ha cambiado todo: tres días pasaron desde que te conté cómo me quedó aquella opéra y volvió al trabajo Natuca, y yo me quedé al cargo de nuestros cachorros (en exclusiva) hasta las 4 de la tarde. Llevaba parado desde principios de agosto, compartiendo con mi chica su excedencia; la verdad es que ahora me tocan las mieles de la crianza: comen muy bien y tienen unos horarios de sueño muy establecidos que me permiten poner algo de orden en la casa, hacer el cotidiano yantar y algún experimento extra. Les veo intentar sus primeros pasos solitos, reir entre ellos, inventar palabras, fingir lecturas o llamadas de teléfono…
Por las tardes viene Lola, mi querida suegra, y ayuda a Natuca a dar la merienda a los leones. Esta impagable compañía me libera un rato para poder pintar al óleo, dos años después del último cuadro (ahora ya lo puedo decir: llevo casi un mes sin fumar y he gastado el presupuesto destinado a convertirse en humo los próximos meses en tubos de buen óleo, pinceles y lienzos, asesorado por mi buen amigo Víctor Luengo, excelente pintor). Por las noches, aprendo: releo La Ilíada, releo el espeso e interesantísimo regalo de Víctor (Materiales y técnicas del arte, de Ralph Mayer), releo un buen recetario de Juan Mari Arzac… Aprendo cosas como que una canica sumergida en leche hirviendo (al hacer arroz con leche, dulce de leche, etc) evita la leche se pegue al fondo; o que en tiempos en los que el uso de termómetros no era popular, los maestros barniceros añadían una rebanada de pan o un puñado de plumas en los recipientes donde hervían los barnices para comprobar la temperatura. Y no paro de asombrarme del ingenio de los hombres…
RAVIOLI DE SALMON AHUMADO
Ingredientes (para dos personas):
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-2 yemas de huevo.
-125 grs. de harina de trigo.
-1 cucharada de aceite de oliva virgen extra.
-1 huevo batido.
-100 grs. de salmón ahumado (u otro pescado ahumado: anguila, trucha, bacalao…).
-1 puñado de pistachos pelados.
-1 cucharada de mantequilla.
-1 cucharada de aceite de cebollino (ver receta).
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Como
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1. Pon en un bol la harina junto a las yemas y el aceite. Trabaja estos ingredientes con las manos bien limpias o, mejor, con una espátula de repostería hasta conseguir una masa bien trabada que se separe de las paredes del bol (si queda demasiado dura, formando migas, será necesario que salpiques ligeramente la masa con un poco de agua, hasta que se forme una masa homogénea y lisa).
Termina de amasar el conjunto sobre una superficie limpia, lisa y enharinada, para que el resultado séa suave al tacto, elástico y no se adhiera ni a la mesa de trabajo ni a las manos (para lograr este punto quizá debas salpicar con harina -si está demasiado blanda- o con agua -si está demasiado dura y se desmiga).
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2. Pasa la masa, una vez formada una bola con ella, a un bol limpio y ligeramente engrasado; tapa el bol con film transparente y resérvalo en la nevera durante unas dos horas.
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3. Una vez refrigerada la masa, viértela sobre una superficie enharinada, salpica asimismo harina sobre ella y extiéndela para formar una película lo más fina posible (con ayuda de un rodillo o con una máquina para pasta fresca).
Corta en dos partes de igual área la lámina de pasta, y pinta la superficie de cada una con huevo batido, pincelándolas, de manera que no quede nada sin pintar (el huevo actuará como un pegamento para sellar los raviolis y que no se abran mientras hierven). Porciona el pescado ahumado en cuadraditos que quepan holgadamente dentro de la forma que tengas pensada para los ravioli (dependiendo de si utilizas un molde cortapastas circular o planéas cortar la masa en cuadrados con un cuchillo o una ruleta cortapastas).
Sella con los dedos alrededor de cada montoncito de relleno, evitando la formación de burbujas grandes de aire y asegurándote de cerrar bien cada ravioli. Córtalos y resérvalos en una bandeja, sobre un papel parafinado salpicado con harina y separados unos de otros hasta la hora de cocinarlos (media hora de refrigeración favorece el manipularlos después).
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4. Pon en una olla grande una buena cantidad de agua (3 litros) con sal gruesa (dos cucharadas colmadas), una hoja de laurel, una ramita de tomillo, diez granos de pimienta blanca y una ramita de perejil y llévala a ebullición, a fuego vivo. Sumerje espaciados los ravioli, repasando con los dedos el sellado de cada uno, para que hiervan por espacio de 6-7 minutos. Prepara un bol con agua helada para refrescarlos inmediatamente al cumplirse ése tiempo.
Calienta en una sartén la mantequilla y saltéa la pasta una vez bien escurrida, rápidamente y sin que la mantequilla llegue a tomar color.
Presenta los ravioli con unos pistachos alrededor (para dar color y textura al plato) y unas gotas de aceite de cebollino (se prepara triturando 10 grs. de cebollino fresco con 50 ml. de aceite de maiz o girasol; es importante que el aceite no tenga un sabor muy pronunciado, como el de oliva, p. e.; si no deséas un aceite muy fuerte, se puede blanquear previamente el cebollino: se sumerje en agua hirviendo unos segundos y luego se refresca en agua helada).
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Abrazos fuertes a todos! Espero que lo disfrutes!
28/10/2008 a 14:57
Me quedo encantado con esto. Parece incluso muy fácil hacer raviolis, tanto que voy a reeditar el “Desastre de Raviolis de Ricotta y Pera con salsa gorgonzola” con otro final espero…..
Enhorabuena por dejar de fumar, debe de ser una sensacion formidable.
Saludos