Ya te conté, en la receta del húmus (teclea “húmus” en el buscador), que “ajonjolí” es el otro nombre del sésamo, y que en árabe significa “alegría”. Me viene al pelo la alegría para contarte que cada vez nos lée más gente. Esta alegría se convierte en gratitud del que aporréa el teclado: hacia los amigos de El Pais, que recomendaron este blog; más antigüa, la gratitud hacia Natuca, compañera de vida que me alienta cuando estoy a punto de arrojar a Elgastronauta por las cataratas del Niágara, al estílo de Conan Doyle; hacia mi cuñado Moisés, “creativo publicitario” de ideas oportunas; Miguel y Sonia, los hermanos Manteca, que parieron la idea en una cena lejana sólo en el tiempo; Alex, allá en Berlín, el alma htlm del blog; Vero y Carmen por sus colaboraciones, Julien por sus certeras rectificaciones que hacen que este blog se siga mejor, y al señor o señora de una universidad que siempre ha estado allí al lado y es como de la familia. Gracias!
AJONJOLÍ (Sésamo, Sesamuro índico).
El ajonjolí, o sésamo, son unas diminutas semillas con sabor a nueces. Son originarias de India y África, de donde viajaron al Nuevo Mundo junto con los esclavos que la empleaban en muchas preparaciones para espesar y dar sabor a su comida. Esteticamente, también aporta color: se puede encontrar sésamo negro, blanco, dorado, gris o castaño.
El sésamo es un alimento único: contiene, en un 85%, grasas insaturadas (”buenas”) y aporta lecitina, que es una grasa fosforada, en mayor cantidad que la soja; por ello, reduce el colesterol en sangre además de nutrir las células cerebrales y el nervio óptico. Contiene un 22% de proteínas, además de fibra (que regula la función intestinal) y un espectacular regalo mineral (el 5%):
-calcio suficiente para que se recomiende durante el embarazo y la menopausia, más de 10 veces del que contiene la leche y más fácil de asimilar. El sésamo es el mejor preventivo para la osteoporosis;
-hierro para incluirlo en las dietas en casos de debilidad y anemia, y como preventivo para el agotamiento nervioso y la arterioesclerosis (el sésamo negro contiene más hierro que el blanco);
-zinc para prevenir la infertilidad masculina;
-sodio y potasio, para el equilibrio hídrico;
-fósforo, magnesio, cromo, vitaminas B3 y E (antioxidante)…
Mejora la rigidez en las articulaciones y en medicina china se las utiliza para “lubricar” corazón, hígado, pancreas y pulmones.
En cocina, se emplean las semillas para elaborar panes y galletas, o para dar textura y sabor a ensaladas, pastas y arroces; el aceite, prensado en frío y sin refinar, para saborizar platos o saltear recetas orientales (ojo, su sabor es muy poderoso). También se puede consumir en “tahine”, que es una suerte de mantequilla cremosa de sésamo o en gomasio o sal de sésamo (en ocasiones también se encuentran gomasios mezclados con alga nori -tengo uno gracias a mi amigo Antonio, de Madrid. Gracias Antonio!). Es un ingrediente imprescindible del humus lo que, sin ánimo de ofender, lo convierte en la sanísima nocilla de todo el mediterráneo oriental.
Un ligero tostado (que no destruya los acidos grasos) beneficia su sabor y textura; el molido facilita el aprovechamiento de sus aportes. Una vez tostado y molido, conviene consumirlo antes de 3 días, porque es un producto que se oxida con facilidad.
30/05/2008 a 3:45
este alimento me parece muy importante para el consumo diario, pues nos beneficio en mucho como por ejemplo nos ayuda a disminuir el coleserol de la sangre y combatir otras enfermedades