Un buen consejo sobre libros, sobre libros de poesía, sería decirle a alguien que, a veces, éstos no tienen lomos, tapas y páginas. De escuchar música que no entendía o que daba igual que entendiera -canciones de muevetucintuuura…-, había criado “unas como escamas”, que tengo para mi que eran de la exacta naturaleza de aquellas que cegaban los ojos de Saulo. Con la edad se me cayeron y ahora… oigo! Oigo boleros, copla, son cubano, tangos, poetas que cantan (con mejor o peor voz). Una desbordante fuente de conocimientos, transmitida en un sutil nivel, a veces travestida de música que desmiente la sabiduría que encierra, como los refranes y como algunos chistes. Otro buen consejo sería pedirte que entrases en el blog de Carmen
Uno de estos poetas que me gusta escuchar (una vez tuve el gusto de escucharle en directo), es Manolo García; poeta, y además de peso. Ahora estoy escuchando un disco intenso, de una musicalidad cuidadísima y unas letras que flirtean con el misticismo (y, es más, con el misticismo sufí, heredero de Omar Khayyâm): el album se titula “Nunca el tiempo es perdido”. Por citar unos versos de Manolo: “Porque sé que la fé es creer en algun dios aunque no exista, o en existir aunque ese dios a veces no crea en ti; caminar aunque no brille tu estrella… como tú camino por esta senda que pronto será yerma.”
Como este gran sabio dice en otra canción de el disco, de quimeras me alimento, con simplezas me contento.
La receta es muyyyy simple. Es muy apropiada para el veranito, acompañada de una ensalada que tampoco te llevará mucho tiempo preparar (o un arroz). Evidentemente, se puede alternar con otros pescados o aportar toques de color y sabor con verduras, setas, fruta…
Cocinar brochetas (en Asia más conocidas como satays) es una buena idea para ofrecer una presentación efectista sin complicar mucho la elaboración de plato. Los ingredientes han de ser lo más frescos posibles, para poder servir el pescado en su punto y jugoso.
BROCHETAS DE SALMON Y LANGOSTINOS


